jueves, 26 de enero de 2017

MI AMOR ES INFINITO, PERO MI PACIENCIA NO.


La de cosas que nos callamos para que no parezca que no queremos lo suficiente a nuestros hijos...  Pues no, mari, para mí poder quejarme de vez en cuando me supone una válvula de escape que me deshincha de presión los santos ovarios, y eso no es lo mismo que no quererlos, no no no, es sinónimo de reseteo emocional, como cuando estás muy, pero que muy encabroná, sueltas una palabrotaca más grande que tú y por esa bocachancla abierta de par en par se te va todo el enfado.
Te quedas en la gloria y aquí no ha pasao ná.
*Lo de las palabrotacas intento que no sea delante de los minivikingos, pero mira, a veces pasa, así que ahora intento mandar al carajo a Sesostris I o algún familiar suyo, para que no les sea fácil contagiarse de mis malos hábitos.

LA MATERNIDAD NOS UNE


Me duele ver cómo las madres nos atacamos o nos criticamos unas a otras, con lo que podríamos conseguir todas a una...
Yo tengo dos cosas claras:
-queremos a nuestros pichones de un modo incondicional, infinito y sobremanera.
-hacemos lo que creemos que es mejor para ellos y para el bienestar general de la familia (cada una como mejor sabe).
Tú, yo.. y esa que no lo hace como tú y como yo.

LA MADRE QUE ME PARIó


Mi madre siempre ha ido en bicicleta, o yo lo recuerdo así, que para el caso es lo mismo.
Cuenta que el día que se puso de parto de su 4º churumbel (o sea, yo), tuvo que ir a dejar a mis hermanos con su suegra porque mi padre trabajaba fuera y ella vivía sola en la huerta. También la recuerdo llevándome a parvulario en su vieja carbonera oxidada, a las clases de música, "al pueblo" a cualquier cosa (los que vivimos en la huerta le llamamos pueblo al pueblo, claro está). Pegaba la cara a su espalda, llevaba cuidao de no meter los pies entre los radios de las ruedas, me agarraba fuerte y desde ahí veía el mundo. Qué bonicas imágenes quedan en mi memoria. A ver si se calma el viento y voy a recoger a los churumbeles en bici.

NADA QUE AÑADIR


MY HUCKELBERRY FRIEND


A veces se me va la olla y me dejo arrastrar por la corriente de cursos que te dicen cómo vivir la vida, distrayéndome de ella.
Por suerte, el padresico, sin intención de aleccionar, solo con sus actos, me devuelve a tierra y me da un claro ejemplo de lo sencillo que es todo una vez cubiertas las necesidades primarias. My Huckleberry friend...
Y de fondo:
https://www.youtube.com/watch?v=TdTJ0bc6Hhw

DE PóLIZAS Y ESAS COSAS


O igual sí lo soy desde que los parí y me cuesta reconocerlo. Al final va a ser verdad que nos gusta estar con iguales y una se arrima a las madres cuyos churumbeles tienen un umbral de conciencia de la peligrosidad similar al de los míos: ninguno.  Y mira que a veces (esto no se lo digáis a los de Asuntos Sociales), les dejo que se caigan "pa' que aprendan", pero nada, ni aunque les vaya la vida en ello.
Y aunque una esté en el otro extremo del parque arreglando el mundo con otras madres, ese rabillo del ojo que todo lo ve ha detectado, justo un segundo antes, la irremediable caída a la que sabemos que no llegamos pero que aún así nos arranca un grito desde las entrañas: ¡CUIDAOOOO! (para nada, porque llevan rato boca abajo tragando tierra), y para allá que te vas rezando: los dientes, que no se haya dao en los dientes.

FIESTA NACIONAL (O PARTICULAR, COMO POCO)


Mi vikingo canijo ya no mama, pero tiene sed, frío, calor, necesidad de meterme la mano en el ojo a ver si estoy o me he fugao con los ahorros de la familia, se destapa, lo tapo, se revuelve como si el edredón llevase pinchos hasta que se lo vuelve a quitar... y así toda la noche. Todas las noches. Sobrevivo a base de cafeína y melatonina. Me han dicho que los hay que duermen toda la noche... leyenda urbana, yo voy a por el primer café en pozal que las horas de sueño aún me salen a deber y tengo media hora para metamorfosearme en persona.
Nota: de pequeña me llevé un disgusto cuando me enteré que se decía «edredón» y no «eNdredón». Desde entonces no me parece ni la mitad de calentico y esponjoso.

lunes, 9 de enero de 2017

HACER DEPORTE, PONERME A DIETA



Bueno, qué, ¿también habéis empezado el año cumpliendo los propósitos a saco como yo?
La viñeta es antigua, pero como también yo lo soy, una no cambia de un día para otro y sigo teniendo los mismos que antaño.
Lo de ponerme a dieta es utopía, ya ni lo intento, os juro que no querríais conocerme pasando hambre. Lo que hago es cambiar pequeños hábitos, o engañarme a una escala capaz de soportar: que si el azúcar por panela, el chocolate que sea puro, las tostadas de pan de centeno… y luego voy a los cumpleaños de los amigos de los peques y melocomotó… para compensar.
Lo de correr… siempre tengo una razón para NO hacerlo, que una es mala en las cosas del sudar, pero en oratoria introspectiva me convenzo como nadie, siempre existe la excusa perfecta.
Lo que sí voy a cuidar este año es mi espalda, que no quiero ser una señora mayor encorvada y con chepa, pero eso ya os lo cuento otro día, que tengo que salir pitando, o como dicen aquí, "cortando la caña".
Feliz vuelta a la rutina.